Stronger than time.

Sesión off road con el Clase G de Mercedes-Benz.
Clientes de Mercedes-Benz con su Clase G.
Sesión off road con el Clase G de Mercedes-Benz.

Stronger than time.

Los participantes disfrutaron tanto a los mandos de sus propios vehículos como de las dos unidades cedidas por Mercedes-Benz, correspondientes ambas a la última generación presentada, la de 2018: un G 350 d y un G 400 d.
Independientemente de cuál eligieran, todos los allí presentes comprobaron que no hay nada que se le resista al Clase G. Con razón se le ha denominado “Stronger than time” pues no solo ha conseguido superar el paso del tiempo sino ser el más robusto de todos. 

Clientes de Mercedes-Benz con su Clase G.
Clase G de Mercedes-Benz en un recorrido único.

Ya fuera en un cruce de puentes, en un vadeo profundo, en una pared lateral de hasta 30º de inclinación o en un ascenso y descenso pronunciados, todos los propietarios del Clase G sortearon con facilidad cada una de las pruebas. El nivel exhibido fue bastante notable por parte de todos aunque las inherentes características del Clase G también ayudaron, sobre todo el hecho de poder bloquear los tres diferenciales o de echar mano de la reductora si el terreno se complica.

En la piel del equipo Rumbo Zero.

El equipo Rumbo Zero y los Clase G del Rally Dakar.
Clase G y equipo Rumbo Zero.

En la piel del equipo Rumbo Zero.

La guinda a esta entretenida y particular jornada off road la puso el equipo Rumbo Zero con sus cuatro integrantes volcados con los allí presentes. Pero el protagonismo se lo llevaron los dos copilotos, Luis Heras y Juan Carlos Ramírez quienes se enfundaron de nuevo el mono y permitieron a los allí presentes reproducir a escala una jornada del Dakar Classic. Competición en la que el equipo Rumbo Zero participó en la pasada edición con dos Clase G de 1996 logrando, en el caso de la dupla formada por Antonio Gutiérrez y Luis Heras, terminar en el top ten.

Evento offroad del Clase G con el equipo Rumbo Zero.

Así, los clientes del Clase G vivieron la tensión e intensidad que supone una prueba de regularidad como el Dakar Classic en un tramo de dos kilómetros por los alrededores de la finca. “Una experiencia extraordinaria porque ver cómo disfrutan los usuarios de un coche de competición y, además, poniéndose ellos al volante y simulando esa etapa dakariana, les sube un poco a las nubes”, comenta Luis Heras.

“Compartir la ilusión del Dakar, la competición y el buen rollo siempre es gratificante”, sentencia Ramírez. La hora de la comida fue el momento perfecto entre todos los presentes, un momento de máxima relajación en la que comentar todas y cada una de las cualidades del Clase G así como de disfrutar de las valoraciones hechas por los copilotos de Rumbo Zero. En definitiva, un sábado caluroso de julio convertido en toda una experiencia off road con el icono del 4x4.